Viaje al pasado en tierras amish, Pennsylvania

Cambiamos la Gran Manzana por un viaje al pasado en el Dutch Country, estado de Pennsylvania. Nos adentramos en tierra amish, comunidad rural que sigue viviendo en el siglo XVIII.

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Miércoles 17 de agosto

Para conocer mejor su cultura nos alojaremos en una granja amish en la población de Gordonville, al este de Lancaster. Ocupamos una casita en Beacon Hollow Farm con una decoración sencilla y muy kisch, los lujos brillan por su ausencia pero dispone de todo lo necesario para pasar unos días tranquilos y apartados del siglo XXI. Las habitaciones, sencillamente acondicionadas, se decoran con colchas patchwork cosidas artesanalmente por ellos, siendo esta actividad uno de los principales pasatiempos para las mujeres además de una fuente de ingresos. No hay corriente eléctrica pero usan baterías para hacer funcionar la nevera, la luz y los ventiladores y generadores para ordeñar las vacas; el resto de electrodomésticos, como la televisión, la radio o los ordenadores son aparatos prohibidos que se consideran distractores y mundanos. De todos modos, es muy interesante compartir en primera persona el día a día de esta comunidad que, pese a lo que pueda parecer, crece año tras año.

Su economía se basa principalmente en la agricultura y la ramadería y se organizan por comunidades que giran en torno a la iglesia, ayudándose unos a otros en caso de necesitarlo. La sencillez, la austeridad, el pacifismo y el trabajo son algunos de los valores por los que se rigen y no son amigos del progreso ni de los lujos modernos que son considerados innecesarios. Cada comunidad tiene sus propias reglas y normas, incluyendo las que tienen que ver con el uso de la electricidad, teléfonos y automóviles, que pueden diferir de unas a otras comunidades, y éstas han de cumplirse estrictamente, en caso contrario, conllevaría a la expulsión.

La vestimenta es modesta y tradicional y es confeccionada por ellos mismos, en algunos grupos incluye la prohibición de usar botones por la asociación de éstos a las fuerzas armadas. Los hombres se dejan barba tras casarse o bautizarse, dependiendo del grupo, pero nunca bigote que, por el mismo motivo que el uso de botones, se consideran símbolos de militarismo.

Alrededor de la Route 30 y de la 340 es donde se concentran mayor número de tiendas y restaurantes basados en la cultura amish, especialmente en Intercourse y en Bird-in-Hand. En esta última población vale la pena visitar el Farmers Market, donde se pueden degustar y comprar productos típicos como quesos, mermeladas, pretzels, pop corns y otros productos de elaboración local. Si las degustaciones no son suficientes y el hambre acecha, ofrecen hot dogs y limonada recién exprimida en una barra de bar gestionada por varias generaciones de mujeres de una misma familia amish.

Algunas tiendas de antigüedades también se encuentran por la zona y como son mi perdición, no me resisto a comprar algunas cositas que me llevaré de recuerdo: una caja metálica donde antiguamente se guardaban los pretzels, una caja de helado preciosa y una botella de Pepsi antigua para mi colección de botellas. Lástima que tenemos que volver en avión y no puedo cargar demasiado porque los rótulos luminosos de neón son una maravilla.

No dudéis en perderos por las carreteras secundarias y adentraros en las granjas, podréis ver como recolectan el tabaco, como montan en patinete o como se desplazan con carros tirados por caballos. Es como volver al siglo XVIII, época en la que emigraron a Pennsylvania huyendo de su tierra natal, principalmente Suiza, por ser perseguidos por católicos y protestantes.

En estas tierras rurales el día empieza muy temprano pero también acaba antes de que el sol de ponga, así que volvemos a la casa donde nos hospedamos sobre las seis de la tarde y aprovechamos lo que queda de día para ir a jugar con unos cachorros de huskies que tienen en la granja. Hay una decena y no llegan a las seis semanas de vida. Son preciosos, especialmente una de ellas, la más chiquitina de todos. Ariadna se ha enamorado de ellos y se pasa la tarde jugando y cogiéndolos en brazos. Les ha puesto hasta nombre…

La noche es tranquila, el silencio reina en la Beacon Hollow Farm. Hoy descansaremos bien y recuperaremos horas de sueño.

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Jueves 18 de agosto

Yogurt casero, pan recién hecho, mantequilla y mermelada local, es el sencillo desayuno que Anna nos trae a nuestra habitación.

Pasamos el día por carreteras secundarias observando la tranquila vida de esta increíble comunidad anclada en el pasado que contrasta con algunas grandes superficies y enormes outlets emplazados a las afueras de Lancaster. Ni siquiera este condado se libra de la fiebre consumista. Y nosotros tampoco lo hacemos, aprovechamos que los tenemos cerca para hacer un alto en el camino y comprar calzado deportivo de conocidas marcas americanas. En New York no pudimos ni quisimos perder el tiempo haciendo shopping, había demasiadas cosas por hacer y ver, pero aquí que el tiempo pasa más lento y las distancias son más cortas, no nos importa perder un rato y así aprovechar para comprar algunos encargos que traemos de Barcelona.

Comemos un pretzel rápido a media mañana con la intención de no darnos un atracón. Esta tarde, bien temprano, a las 5.30 p.m. (hora de nuestra merienda) nos ofrecen una cena en una casa particular amish.

Compartimos mesa con una agradable señora amish de avanzada edad, dos mujeres de aspecto muy americano con sus peinados cardados y una familia indio-anglo-italiana. Bendecimos la mesa antes de empezar a comer una sencilla cena a base de verduras, pollo y limonada casera y mientras cenamos Sadie contesta a las preguntas y dudas sobre su comunidad sin ningún reparo pero con un acento inglés que resulta un poco complicado de entender . A pesar de esto, la velada resulta sumamente interesante.

Al atardecer Ben, nuestro anfitrión en Beacon Hollow Farm, nos acompaña a ver los animales de la granja mientras nos explica abiertamente sus costumbres y su día a día.

La noche cae en Gordonville y el silencio vuelve a reinar en la granja. Buenas noches.

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