Bahía de Kotor, el fiordo más meridional de Europa

Boka Kotorska solo puede describirse con superlativos: majestuoso, impresionante y de una belleza alucinante. Las vistas desde la alturas nos insinúan una Noruega mediterránea, desde la misma costa, unas aguas que invitan al baño y pequeños pueblos medievales que aún conservan tradiciones de otras épocas, bellos palacios y una gastronomía totalmente vinculada al mar.

Martes 8 de agosto

Seguimos nuestro camino hacia Montenegro. Novecientos kilómetros divididos en dos etapas debido al tipo de carreteras por las que hay que circular en Croacia y Montenegro. Por suerte para nosotros, el paisaje croata es un regalo para la vista.

Hace diecinueve años que visitamos por primera vez Croacia y el desarrollo turístico que ha sufrido este país en todos estos años es considerable. En 1998, pocos años después del final de la guerra de la ex-Yugoslavia, costaba encontrar comida en los pocos supermercados que habían abiertos, el turismo, aunque empezaba a resurgir, era poco significativo y ni de broma habían complejos turísticos. Hoy, ya hay una autopista que cruza gran parte del país, los apartamentos y hoteles de lujo se cuentan por centenas en la costa y el desarrollo de la industria turística es visible. Pero la belleza de su costa y del mar que la baña sigue inalterable. 

Hacemos noche en Šibenik para descansar. Probamos en el primer camping que nos encontramos a las afueras de la ciudad. Un super village frente al mar, repleto de gente en el que, lógicamente, no encontramos sitio. Si mi memoria no me falla, juraría haber estado en este mismo camping hace diecinueve años, pero, evidentemente, no era una ciudad de vacaciones, si no un pequeño camping sin grandes lujos ni florituras. El tiempo lo ha transformada en lo que el turismo de sol y playa ha requerido…

Lo intentamos, después, en un pequeño camping en la localidad de Zablaće, muy próxima a Šibenik. Aquí tenemos más suerte y nos dejan acampar. Servicios básicos (muy básicos) que requieren una reforma y modernización urgente, pero a pie de playa desde donde se divisa un atardecer espectacular y sin grandes aglomeraciones de gente. 

Después de todo un día dentro del coche, nos apetece salir un rato y ver el ambiente nocturno de Šibenik, con su bonito centro histórico medieval y un paseo marítimo que invita a sentarse en una terraza y cenar unos mejillones a la buzara y unas gambas al grill. 

Sibenik

Miércoles 9 de agosto

Continuamos cruzando Croacia y entramos en Montenegro a media tarde. No antes sin haber pasado el control rutinario de la aduana: pasaportes en regla, documentos del coche y la carta verde del seguro, imprescindibles. Llevamos también el pasaporte de Scott y su carnet de vacunas y certificado del veterinario conforme está sano y desparasitado, pero como siempre duerme en la alfombra del coche, el policía ni lo ve. Habíamos oido que también son muy estrictos con la comida que se entra la país, no más de un kilo por persona, pero no hemos visto excesivo control con este tema… A nosotros ya nos ha ido bien, hubiese sido un poco difícil decirle adiós a nuestros sobres de jamón ibérico envasado al vacío.

Pasada la frontera, a muy pocos kilómetros se encuentra la población de Igalo destino de sol y playa al más puro estilo balcánico. Cualquier lugar es bueno para bañarse y las pocas sombras que hay están a reventar de familias enteras apiñadas que pasan todo el día en remojo.

Unido a Igalo, Herceg Novi es la parte histórica y cultural de la región y se sitúa en un espolón rocoso frente al mar. Su casco antiguo conserva varias construcciones militares y algunas plazas muy coquetas e interesantes que combinación estilos románico, bizantino y oriental mezclandolo con el ambiente mediterráneo que rodea la ciudad. Por la tarde noche, un ambiente veraniego llena sus terrazas de turistas rusos, húngaros y servios que aprovechan este destino vacacional por su fama de ser uno de los más calurosos del Adriático.

Nos hospedamos en un “camping” cercano, en la población de Zelenika. Lo llamaremos camping por nombrarlo de alguna manera, un trozo de terreno rústico convertido en parcelas y con unos servicios de lo más básicos y rudimentarios. Por suerte el señor que lleva el camping es muy amable y servicial y eso compensa algunas carencias. También es cierto que sabíamos que en este país los campings están aún en vías de desarrollo y esto es lo que nos vamos a encontrar en la mayoría de zonas que visitemos, así que no nos queda otra que disfrutarlo y ver el lado positivo de este tipo de alojamientos: no hay aglomeraciones y suelen encontrarse en lugares con mucho encanto.

Herceg Novi

Herceg Novi

Jueves 10 de Agosto

Nos adentramos en la Bahía de Kotor o Boka Kotorska, el fiordo (o quizás un cañón sumergido) más meridional de Europa declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Sus escarpadas montañas surcadas por el mar protegen a esta zona del clima del norte, convirtiéndola en un oasis mediterráneo. Sus pequeñas poblaciones se esparcen por todo el litoral, uniéndolas con una única carretera que, en algunos tramos, pude resultar demasiado estrecha para cruzarse dos coches.

Bahia de Kotor

Se hace complicado parar en los arcenes de la carretera para admirar el paisaje, llevando la caravana a rastras, por este motivo decidimos recorrer la carretera hasta el camping donde haremos noche, dejarla instalada y volver tranquilamente parando en la pequeñas playas, en los embarcaderos de agua cristalina y en los pueblos más interesantes. Montenegro no destaca por su gran cantidad de campings, por ello antes de salir de Barcelona me preparé un mapa donde indiqué todos los que hay en el país, que no pasan de la veintena. Aunque sí que es verdad, que en los meses de verano algunos particulares abren sus terrenos y jardines ofreciendo a los turistas pequeñas parcelas a precios reducidos y con los servicios básicos que no suelen ser especialmente óptimos. A diez kilómetros de Kotor en la pequeña población de Stoliv, se encuentra el camping Mimoza, muy, muy básico pero con una ubicación excepcional con vistas a la bahía y a Perast. Los dueños no son nada simpáticos y los baños dan bastante asquito, pero levantarse y tomarse el café con estas vistas no tiene precio.

Stoliv

Ya sin la caravana, volvemos hasta Perast, una de las poblaciones más interesantes y con más encanto de la bahía. Está considerado el conjunto barroco mejor conservado del Adriático y con más monumentos por metro cuadrado. Mantuvo estrechos vínculos con Venecia y siempre ha estado ligado a la vida marinera como así atestiguan los palacios de los capitanes que levantaron sus residencias en el momento de máximo esplendor de la navegación. Frente a él, dos pequeños islotes dan, si cabe, más encanto al lugar. Uno de ellos con una iglesia católica y el otro con una ortodoxa.

Después de un acalorado paseo por el frente marítimo nada mejor que sentarse en una terraza con sombra y comerse unos mejillones a la buzara y unos spaguetti al frutti di mare en el restaurante Konoba Školji, recomendación de Lonely Planet. Nunca falla.

Perast

Perast

Perast

Perast

Antes de llegar a Kotor, hacemos una parada en Dobrota para darnos un baño en las cristalinas aguas del Adriático que, con estas temperaturas (39º) es lo que nos mantiene vivos. 

Llegamos a Kotor justo a la hora que el sol se ha escondido por detrás de la montaña, dejando la población en la sombra. Mucho más agradable para dar un paseo, pero un poco triste para hacer fotos. Afortunadamente pasaremos tres días en la zona y podremos volver a visitarla en otro momento.

Kotor es una de las poblaciones medievales mejor conservadas del Adriático porque ha sabido mantener su trazado original tan típico de la época. Estrechas calles, bonitas plazas y su empinada fortaleza la han hecho merecedora del título de Patrimonio de la Humanidad. Subir hasta la fortaleza requiere de un buen estado físico y unas temperaturas algo más bajas para poder encarar las 1.350 escaleras que llegan a la cima. De momento hoy no es el día… al calor extremo añadimos la trayectoria del sol. La mejor hora para la ascensión debe ser por la mañana, a poder ser primera hora, cuando la montaña aún está en sombra pero el sol ilumina todo el fiordo.

Centenares de gatos llenan las calles de Kotor, de hecho el gato es la imagen de la ciudad. Imanes, camisetas y todo tipo de figuras de este animal se venden en todas las tiendas de souvenirs. El motivo, por lo visto, tiene que ver con la epidemia de la peste que tuvo un impacto devastador en el siglo XVII y fueron los felinos los que acabaron con las ratas y así con la epidemia. Hoy se les considera, casi, un animal sagrado.

Anochece en la bahía y con unas vistas excepcionales, cenamos y nos vamos a dormir.

Viernes 11 de agosto

Volvemos a tener temperaturas extremas. No podemos salir sin una ducha de agua fría o un chapuzón en la plataforma de baño del camping, si no queremos morir de un golpe de calor.

Camino a la Península de Lústika, hacemos una breve parada en Tivat, población que ya empieza a tener proyectos dedicados al turismo de sol y playa y un enorme puerto deportivo donde embarcan lujosos yates de la jet set montenegrina, hungaresa y de los países cercanos. Lo que le hace perder todo el encanto que pudo tener en otro tiempo, seguramente no hace demasiado.

La Península de Lústika, enclavada al sur de la bahía es una zona de bosques, calas y rincones casi vírgenes, salpicada de pequeñas poblaciones como Bjelila o Rose donde darse un apacible y tranquilo baño y hacer un picnic en alguna de las cotizadas sombras que dan las parras. Lástima que existan grandes bloques de apartamentos en construcción y que los desbastadores incendios, provocados o no, pero poco se hace para apagarlos, estén convirtiendo este lugar en algo que de aquí cuatro años no me gustará ver.

Bjelila

Rose

En la mayoría de guías que hemos leído, recomiendan estupendas playas en esta zona, playas de piedras blancas con aguas cristalinas pero también con restaurante, bar, música… nosotros preferimos los pequeños embarcaderos o plataformas preparadas para el baño, con poca gente y donde, además, Scott puede acompañarnos esperando bajo una sombra.

Rematamos la tarde, de nuevo, en Kotor. Paseo con cervecita montenegrina incluida en una terraza donde la wifi nos permite escribir unos whatsapp a la familia y amigos.

Kotor's cats

Kotor's cat

Kotor

Kotor

Sábado 12 de agosto

¡Nubes! ¡Y la temperatura unos grados más baja! Hoy tendremos una tregua…

Día perfecto para subir a primera hora a la fortaleza de Kotor. La escalera zigzaguea entre cipreses, trepando hasta la cumbre por una empinada pendiente que requiere de un elevado esfuerzo y mentalizarse antes de iniciar el ascenso. Previo pago de 3€ se inicia la caminata que se divide en tres tramos diferenciados por tres colores, el azul (ascenso fácil) hasta la iglesia de Nuestra Señora de la Salud, la amarilla (con algo más de dificultad) y la roja (solo para expertos). Las vistas justifican el esfuerzo, los techos rojizos de Kotor, sus campanarios y las cúpulas de las iglesias aparecen enmarcados en el azul de la bahía, las montañas rocosas y el cielo lleno de nubes blancas.

Kotor

Kotor

Kotor

Volvemos al camping a buscar a Ariadna que no querido venir y ha preferido quedarse durmiendo. Para recuperar fuerzas tomamos un buen almuerzo y una ducha de agua fresquita antes de salir de nuevo.

En la estrecha carretera que se dirige a Kotor, nos hemos topado con una boda. No tendría nada de anecdótico sino fuese porque los invitados han sacado sus pistolas y han empezado a disparar al aire mostrando su alegría (??). En un principio hemos pensado que eran balines, pero por lo visto, tanto las armas como las balas son de verdad y es una tradición montenegrina mostrar la alegría de esa manera. El problema radica cuando en las bodas y celebraciones se bebe más de la cuenta y al alcohol y las armas, que no son buenos compañeros de viaje, dejan algún herido o algún muerto.

Hoy hace mucho aire y el mar está más bravo que estos días atrás, lo cuál no quiere decir que haya un fuerte oleaje, pero sí que ya no parece una piscina. El baño no apetece tanto y un buen plan es hacer la carretera zigzagueante que va hasta el Mt. Lovčen. Dicen que una de las mejores del país con sus diecisiete kilómetros, veinticinco curvas cerradas con unas vistas de toda la bahía que se hacen más espectaculares a medida que se llega a la cima. No apta para los que sufren de vértigo.

Kotor

Una vez arriba, el pequeño pueblo de Njeguši, famoso por ser la cuna de la dinastía Petrovič, es donde podemos encontrar el mejor pršut (jamón ahumado) y sir (queso) de todo el país. A lo largo de toda la carretera, pequeños comercios ofrecen, además de estos dos productos típicos, miel, vino y rakija (brandy de uva).

La bajada hacia el camping vuelve a ser impresionante. Si al paisaje en sí le añadimos las nubes blancas que hay hoy en el cielo, la sensación es indescriptible.

Esta tarde toca descansar un rato, baño en la bahía, escribir mi diario de viaje o hacer cada uno lo que le apetezca antes de salir a cenar a un restaurante de la zona.

En la cercana Prčanj, hay algunos restaurante a pie de mar con comidas típicas montenegrinas a base de pescado fresco, principalmente. A destacar los lignje na žaru (calamares fritos), el pescado del día fresco y el crni rižoto (risotto al negro de sepia). Una tormenta se acerca justo cuando estamos acabando de cenar, espereremos refresque el ambiente y apague los incendios que hay por la zona ya que los bomberos montenegrinos no están por la labor…

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